Mirada serena, y tierna. Mirada de paz. Cuando uno da lo que tiene, cuando camina al lado del que calla, la mirada se convierte en compasión. Una mano tendida, un corazón que late y una mirada que sonríe. Esa es la del voluntario, aquel que da sin esperar nada a cambio. Su premio: es la mirada. En aquel que se entrega no hay reflexión, ni duda, no hay discernimiento, sólo naturalidad y vida. En toda entrega brota por si sola la confianza, se olvida el yo y brota el tú. Dad gratis lo que habéis recibido gratis.

J.J.