DSC_6186La «música callada», que es el silencio, se torna «soledad sonora». El descubrimiento de la potencia de la oración en su vida, le llega a cada persona cuando le tiene que llegar. Es absolutamente normal hablar a lo perdido, hablar con lo desconocido, y no terminar de entregarse a ello porque LA DUDA SIEMPRE ASALTA, y la incertidumbre de una escucha sincera que cuesta sentir tuerce nuestra confianza.

Cuando dejamos correr esos miedos y el escepticismo, Jose María Rodríguez Olaizola cubre ese vacío con una invitación sencilla pero curiosa: «La oración no es utilitaria, es una actitud». Entonces es cuando, ante la crisis personal y de fe con la que acudía a un encuentro profundo con Dios, asumí en la totalidad de su significado, que a Dios no podía mentirle, ni contarle patrañas, ni mostrarle mis máscaras más artesanales, ni tergiversar la historia de mi vida porque Él me sondea, y me conoce. Sólo en la tesitura de nuestra desnudez ante Dios, podemos quitarnos las sandalias para entrar en terreno sagrado.

Luminosas señales que nos ofrecía este hombre, acariciado por el Espíritu Santo, iban guiándonos en la peregrinación de nuestro silencio hacia lo profundo de nuestro ser, a la búsqueda de nuestro verdadero Nombre. La aceptación de nuestra fragilidad a veces nos lleva a sumirnos en noches oscuras, arrinconándonos en la esquina de nuestro miedo y bloqueando nuestras reacciones. Pero la búsqueda de nuestra libertad profunda a la que nos empuja Dios es la que enciende esa llama que surge de lo oscuro, de las cenizas de tu pasado. Decenas de encrucijadas me tenían sumido en una superficialidad orante sin sentido, y el descubrirme ante Dios, poniéndome a la intemperie y dejando que sus propias imágenes entraran en mi a través de su Palabra, me empujaron a pensar que no es libre quien no elije.

Tenemos que dejar morir lo que tiene que morir para que nazca lo que tiene que nacer. El compromiso, una búsqueda activa y continua de Dios, no basada en hitos sino en una historia como un todo, nos descubre al Dios vivo y nos descubre que somos sabiduría, que somos justicia, que somos fortaleza, que somos ricos en fe y que estamos llenos de su Espíritu de Amor, que es Verdad en nuestra vida. Si no encuentras a Dios, «¿qué has perdido por el camino?» Mi agradecimiento más sincero a la Diócesis de Albacete por hacer posible esta actividad con ese instrumento tan maravilloso de Dios, que es José María Rodríguez Olaizola.

Un abrazo en Cristo

Kiko. @ckspirit