oracion

“Sucedió que, al acercarse Él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino…” Gritaba y gritaba y no consiguieron acallarlo, “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” y aunque seguro que Jesús sabía lo que el ciego quería, se detuvo y le preguntó: “¿Qué quieres de mí?”

Ahora viene lo difícil, tenemos enfrente a Jesús y nos pregunta “¿Qué quieres de mí?”… ¿Qué digo? ¿Qué quiero?… No sé qué contestar, y muchas veces te pido cosas que no son lo que en verdad necesito…  

El ciego dio en el clavo, no se lo pensó: “¡Señor, que vea!” y dice la Palabra que “al instante recobró la vista”.

En esta canción, nos fijamos del ciego de Jericó y te pedimos,

[box]¡Señor, abre mis ojos! ¡Señor que vea! Que experimente el gran amor que Tú me tienes. Que tu Palabra penetre en mi mente y en mi corazón.[/box]

Señor, te pido que abras mis ojos, que me dejes verte y reconocerte como Dios, como único Señor de mi vida. Que pueda contemplar de verdad Tu Majestad, Tu Gloria.

Abre mis ojos ante Ti, ante los pobres y los más necesitados, que no se me escape el débil o el enfermo, que sepa reconocerte en mis vecinos, en mis amigos, en mi familia y sobre todo, que sepa verte en aquellos que no entiendo, que critico, con los que discrepo y mil veces me enfado.

Que sepa verte en los que me han hecho daño y también a los muchos que yo he faltado y aprenda a mirarlos con Tu mirada cariñosa, con Tu mirada de Padre y de Misericordia.

¡Qué difícil para mí sola! Pero Tú puedes ayudarme, bajo Tu Luz puedo cambiar mi egoísmo, mi obstinación, mi ceguera… Por favor, Señor mío ¡Haz que vea!

Quiero ver tu Grandeza, tu hermosura, y así, caer en la cuenta de mi tamaño real, ¡¡pequeño!! y pueda, como el ciego de Jericó, glorificarte y seguirte y tenerte cerca en mi vida siempre…

Eres Santo, Santo, Santo… Yo quiero verte.

Coro Diocesano