torriY de repente llega ese momento en el que te sientas y notas como tu cuerpo se relaja después de un día sin parar. Te quedas por un momento mudo, absorto en tus pensamientos y contemplas exhaustivamente cada cosa que está ocurriendo a tu alrededor…

Ese abrazo, esa conversación entre dos personas que apenas se conocen, esa forma de ofrecer comida al otro, esa foto con el móvil, esas carcajadas que se oyen de fondo, ese viento que empieza a correr y que darías cualquier cosa por tener la chaqueta a mano, observas esas sonrisas de alegría y parece que el estómago empieza a dar ya avisos de que se acerca la hora de cenar….

Es ahí cuando algo dentro de ti se mueve y ¡SIENTES DE VERDAD!

Te sientes tan afortunado de poder vivir ese instante, este ambiente tan mágico, tan diferente al día a día, no estás solo, que maravilla ver y ser consciente de que somos muchos “locos” los que nos aventuramos a seguir las experiencias de Jesús. Miras tu vida por un momento en perspectiva y te das cuenta que son éste tipo de encuentros los que te hacen sentir al 100%, los que exprimen todo el jugo que hay en ti, y tu corazón se siente enormemente orgulloso de pertenecer a esa parroquia o a ese grupo de personas de diferentes edades, que conoces en mayor o menor medida, pero que sientes un profundo amor por ellos difícil de explicar.

Javier Torrijos