Antes de entrar en el Seminario, y de atreverme a dar el paso, tenía una imagen del Seminario y de la vida de los seminaristas que no se corresponde con la realidad. Me imaginaba a unos chicos tristes, que no se divertían, que estaban todo el día rezando… claro, yo pensé que un lugar así no era para mí. Sin embargo, al entrar, me di cuenta de que eran personas normales, que se divertían y que estaban felices, respondiendo a su vocación. Había horas de estudio, de oración, que es muy importante para discernir nuestra vocación, y también tenían momentos para divertirse, desde jugar al futbolín hasta salir a dar un paseo por el pueblo. Me di cuenta de que eran personas normales como yo, y algo muy importante, que se les veía sonrientes y felices.

POR LA MAÑANA

mañanaEl día de un seminarista empieza normalmente a las siete y media de la mañana, se empieza en la capilla, donde hacemos un rato de oración personal en el que damos gracias a Dios por el día. Después rezamos Laudes (una oración que se hace por la mañana), y después tenemos la misa. Al acabar la misa, bajamos a desayunar y nos preparamos para empezar las clases. Al igual que en un instituto o una universidad nosotros tenemos unas asignaturas y unas clases (los seminaristas mayores estudiamos Filosofía y Teología). Es importante esta dimensión académica, de esta manera descubrimos como la Fe es un gran regalo de Dios, y que con nuestra inteligencia podemos ir comprendiendo. En cuanto a las clases, al ser de pocos alumnos, se disfruta de una cercanía mayor con el profesor, además son clases más personalizadas, como si fueran particulares.

POR LA TARDE

Al acabar las clases, alrededor de las dos,tarde tenemos la comida. Después de la comida, hasta la tres y media, hay tiempo libre que aprovechamos normalmente para hacer comunidad en una salita que llamamos hogar. Es un tiempo en el que solemos estar juntos, los de 1º y 2º de filosofía. Son importantes estos momentos comunitarios, pues un sacerdote no es una persona que esté aislada de la gente, del mundo, sino todo lo contrario, a lo largo de su vida está con muchas personas, está en una comunidad que es su parroquia. Durante este tiempo tenemos futbolines, ping-pong, ver la televisión, tomarnos un café o hablar entre nosotros. Desde las tres y media hasta las ocho de la noche más o menos, hay un tiempo dedicado al estudio. Cada uno, de  acuerdo a sus capacidades, se organiza el tiempo de estudio. Más o menos a la mitad, a eso de las cinco, hacemos un descanso para merendar, y de paso para despejarnos y hablar. Durante el tiempo de estudio, nos podemos acercar a las habitaciones de los compañeros para pedir ayuda, estudiar juntos o entretenernos un rato. En el caso del seminario menor, por la tarde hay más tiempo de deporte, normalmente todas las tardes.

POR LA NOCHE

nocheDespués del estudio nos volvemos a reunir en la capilla, donde rezamos Vísperas (que es una oración que se reza por la tarde) y también tenemos un tiempo de oración personal, de lectura espiritual o meditación.A eso de las nueve, cenamos, y al acabar, normalmente salimos a la calle, donde descansamos y nos relajamos. Ya a partir de este momento, cada uno según la organización que se haya hecho, puede estudiar un rato más hasta que se acueste, o bien, conversar un rato en el hogar mientras nos tomamos algo.

El día a día de un seminarista se va a acompañado según el curso y las inquietudes de cada seminarista. A partir del segundo año, los seminaristas mayores acuden a dar catequesis, normalmente de confirmación. También aquellas personas que les gusta, o sienten inquietud por la música disponen de unos profesores que les enseñan a tocar el piano, la guitarra, el bajo.

[box icon=»info»]Es un lugar en el que además se estudiar, nos ayudan a potenciar nuestras cualidades, a descubrir los talentos que Dios nos ha dado, a encontrar la felicidad.[/box]

Este ritmo normal de los días se ve interrumpido en algunas ocasiones por diversas fiestas, como la de la Inmaculada Concepción, que es la fiesta grande del Seminario donde hacemos torneos de futbol, ajedrez, frontón. También se realizan diversas actividades para monaguillos como convivencias y torneos de fútbol.

Yo quería ser feliz, y le pregunté a Dios que quería de mí.

Estando atento, pensé que Dios me estaba llamando a seguirle como sacerdote, después de pensarlo mucho, de darle vueltas y también de darle largas a Dios, me di cuenta de que si Dios me estaba llamando a esto, era porque este camino es el que me iba a llevar a ser feliz. Así que abandoné los miedos, y puse mi vida en las mejores manos, en las manos de Jesús. Si sientes que Dios te llama a ser feliz siendo sacerdote, no lo dudes, atrévete a ser feliz plenamente. Como nos decía Juan Pablo II: no tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo.

Roque